jueves, 15 de febrero de 2007

Sputnik, mi amor

A veces me pregunto cuál es la imagen que tienen los demás de mí. Bueno, realmente me gustaría comprobarlo con mis propios ojos. Ver desde fuera cómo me muevo, cómo hablo, cómo respondo en determinadas situaciones. Una solución muy fácil sería ver cualquier grabación en vídeo realizada por alguien, pero limita mucho notar una cámara enfocándote. Quiero verme sin intermediarios, pasarme por un momento al otro lado y observarme sin sentirme observado. Quizás la experiencia sea tan traumática como la que vivió de joven Myu, uno de los personajes de Sputnik, mi amor.
Este es el tercer libro de Haruki Murakami que me leo y me ha entusiasmado tanto como los otros dos: Tokio Blues y Al sur de la frontera, al oeste del Sol. En Sputnik, mi amor el personaje principal de la historia es femenino, aunque está contada en primera persona por el mejor amigo de Sumire, que está enamorado de ella. Su historia es la historia de un amor violento como un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Sumire es una chica que desea ser escritora, pero se cruza en su camino Myu, una mujer de mediana edad que la contrata como secretaria para su negocio y se enamora de ella perdidamente. En un viaje por Europa sucede algo que separará y unirá a los tres personajes para siempre.

La soledad, desesperación y sentimientos reprimidros habituales en Murakami también están presentes en Sputnik, mi amor, donde de nuevo algún personaje aparece y desaparece misteriosamente. Hacía tiempo que el final de un libro no me inquietaba tanto ni me dejaba dentro tanta rabia y esperanza como el de Sputnik. No creo que logre nunca poder verme desde fuera, pero libros como este te impulsan a ser más valiente a la hora de tomar decisiones importantes, a aceptar como vengan las consecuencias de estas decisiones y a pensar que bajo tu misma luna hay más gente con tus mismas preocupaciones y sentimientos.

1 comentario:

Humilde Lector dijo...

Enormemente interesante parece ésta novela. No me puedo creer que nadie la comente...Bajo tu misma luna hay miles de personas, adelante...